El capitalismo es el genocida más respetado del mundo (Ernesto Guevara de la Serna. Che)
SER REVOLUCIONARIO ES; NO ARRASTRARSE A UNA CONCIENCIA COMPRADA, NI MUCHO MENOS TENER LA MORAL DE BOLSILLO. Fidel Castro-

martes, 1 de abril de 2014

Armando López Salinas

Ana Moreno Soriano, Comisión de Cultura del PCE / 01 abr 14

Hace unos meses, en este mismo espacio, hablaba de Armando López Salinas porque habíamos presentado en Madrid, en la Fiesta del PCE, la edición de su novela La mina, con un riguroso estudio de David Becerra Mayor. Ese día, después de escuchar las palabras de Armando, me acerqué a que me dedicara el libro. Con la sencillez de la grandeza, me dijo en la dedicatoria “Gracias por estar aquí” y yo lo abracé pensando cuánto teníamos que agradecer a este hombre que había dedicado toda su vida a luchar por la libertad y que había expresado en sus textos la explotación, la conciencia y la solidaridad de clase, la rebeldía ante la injusticia y el compromiso con los de abajo. Fue la última vez que lo vi. Enfermó al poco tiempo y el pasado martes recibí la noticia de su fallecimiento: “Se nos ha muerto Armando” –me escribió una amiga- y a través de la página web del PCE y de la edición digital de Mundo Obrero, llegaban testimonios y reconocimientos de camaradas y amigos ante la desaparición de uno de los grandes dirigentes políticos e intelectuales de nuestra Historia reciente.

Armando López Salinas nació en Madrid el treinta y uno de octubre de mil novecientos veinticinco. Empieza sus estudios primarios y continúa en el Instituto durante la guerra civil, pero ya había conocido de cerca la represión, porque su padre fue encarcelado a raíz de la huelga revolucionaria de Asturias, en mil novecientos treinta y cuatro. Tras la guerra, y con su padre nuevamente en la cárcel, trabaja en lo que puede y sigue estudiando en la Escuela de Ingenieros Industriales de Madrid; más tarde, encuentra empleo en una dependencia del Ministerio de Obras Públicas. En el año mil novecientos cincuenta y ocho, ingresa en el PCE y colabora en la redacción de Radio España Independiente, “La Pirenaica”. Al año siguiente, presenta al premio Nadal su novela La mina que queda finalista y fue publicada en mil novecientos sesenta. La censura no autorizó en España su siguiente novela, Año tras año, pero apareció en la Editorial Ruedo Ibérico y obtuvo el premio “Antonio Machado” en París, en el año mil novecientos sesenta y dos. Su compromiso político está ya por delante de todo: entra a formar parte del Comité Central del PCE en mil novecientos sesenta y cinco, participa en el VII Congreso del Partido, asume tareas de dirección en Mundo Obrero, es uno de los miembros destacados de la Comisión de Cultura, participa en la Junta Democrática en los últimos años del franquismo y más tarde, en la Platajunta… Sigue escribiendo, cuando puede, libros de viajes y relatos, una obra de teatro infantil inspirada en una leyenda china, El pincel mágico, el ensayo Alianza de las fuerzas del trabajo y de la cultura, ya en mil novecientos setenta y siete. En las primeras elecciones democráticas, en junio de mil novecientos setenta y siete, Armando López Salinas encabezó la candidatura del PCE en la provincia de Jaén. Yo lo recuerdo, alto y delgado, en aquellos primeros mítines a los que asistíamos entre examen y examen, conscientes de que estábamos tratando de aprobar mucho más que un curso académico… Armando hablaba como escribía, con precisión, con claridad –él se había formado en la Universidad de la calle, como Máximo Gorki- pero, sobre todo, con la autoridad de los militantes comunistas, forjada en la vanguardia de la lucha por la libertad y la democracia. No obtuvo el acta de diputado, -y cómo hubiera representado a Jaén aquel hombre que tan bien conocía las angustias de los emigrantes, de los jornaleros sin tierra, de los mineros…-, pero el trabajo institucional sólo es una parte del trabajo político y Armando López Salinas siguió trabajando y escribiendo, aportando sus reflexiones en el Partido, participando en el movimiento republicano, animando a los dirigentes jóvenes con su magisterio y su ejemplo.

Se nos ha ido Armando, el militante comunista, el intelectual comprometido, el republicano convencido… pero, antes de irse, ha sentido el clamor de más de dos millones de personas en Madrid que, el veintidós de marzo, exigían en sus banderas y en sus pancartas, una alternativa política y social, un nuevo periodo constituyente. Lo que él quería.

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